No todo tiene que servir para algo

Hay días en los que parece que todo debería tener un propósito.
Cada gesto, cada minuto, cada decisión.

Como si no hacer algo “útil” fuera perder el tiempo.

Pero no todo tiene que servir para algo.

Hay cosas que simplemente están bien por estar.
Mirar por la ventana.
Mover un objeto de sitio.
Caminar sin llegar a ningún lugar especial.

No para mejorar.
No para aprender.
No para arreglar nada.

A veces, cuando dejamos de exigir sentido a lo que hacemos,
el cuerpo se afloja un poco.
La mente baja el volumen.
Y aparece algo parecido al descanso.

No es un gran descanso.
No es profundo.
Es suficiente.

Hoy, si te apetece, permite que algo no tenga finalidad.
No lo conviertas en ejercicio.
No lo anotes.
No lo evalúes después.

Déjalo pasar como pasa una nube.

Y sigue.

Práctica recomendada: Práctica Suave nº2