Hay días en los que la cabeza sigue,
pero el cuerpo no.
No es pereza.
No es falta de voluntad.
Es cansancio que no sabe explicarse.
El cuerpo se mueve más despacio,
se sienta antes,
pide pausas pequeñas que no estaban en el plan.
A veces intentamos arrastrarlo con la mente:
“vamos”, “solo un poco más”, “no es para tanto”.
Y el cuerpo responde como puede.
Con pesadez.
Con torpeza.
Con una resistencia silenciosa.
Quizá no haya nada que corregir ahí.
Quizá el cuerpo ya esté marcando un ritmo
que no necesita argumentos.
Hoy, si notas que vas más lento,
no intentes alcanzarte.
Acompáñate.
Camina a la velocidad que puedas sostener.
Respira sin ajustar.
Siéntate antes de agotarte del todo.
El cuerpo no suele pedir grandes cosas.
Solo que no lo empujes cuando ya está lleno.
Práctica recomendada: Práctica Suave nº2