Si. A veces, acompañarte es suficiente.
A veces no hay nada que arreglar
Hay momentos en los que no te sientes bien.
Y, aun así, no sabes qué hacer para cambiarlo.
No siempre hay una práctica clara, ni una respuesta inmediata, ni una calma a la que llegar.
Y quizá no haga falta.
A veces, acompañarte es suficiente.
Cuando no sabes qué necesitas
Hay días en los que escuchar consejos no ayuda.
Ni siquiera los que normalmente te sirven.
Intentas respirar, parar, comprender…
y nada termina de encajar.
En esos momentos, no saber qué necesitas también forma parte de lo que hay.
Y eso no es un error.
No añadir nada
Solemos pensar que acompañarnos implica hacer algo más.
Algo correcto, algo útil, algo que funcione.
Pero acompañarte puede ser simplemente no añadir presión.
No exigirte claridad.
No pedirte que estés mejor.
Solo quedarte cerca de lo que estás sintiendo, tal como es.

Acompañarte no es solucionar
A veces confundimos acompañarnos con resolvernos.
Como si estar contigo tuviera que llevarte a un lugar mejor, más tranquilo o más claro.
Pero acompañarte no siempre cambia lo que sientes.
Y aun así, importa.
Porque no estás solo frente a lo que hay.
Estás contigo.
Estar, incluso sin entender
No hace falta entender lo que te pasa para acompañarte.
No hace falta ponerle nombre, ni encontrar un origen, ni sacar conclusiones.
Puedes estar contigo incluso cuando todo es confuso.
Incluso cuando no sabes qué hacer con ello.
Eso también es cuidado.
Cuando acompañarte es suficiente
Hay momentos en los que no necesitas avanzar.
Ni mejorar.
Ni transformar nada.
Solo necesitas no abandonarte.
Acompañarte con un poco de amabilidad.
Con menos exigencia.
Con menos prisa.
Y dejar que eso sea suficiente, al menos por ahora.
Si te apetece, puedes visitar Prácticas Suaves. No para hacer nada en concreto, solo para estar un poco más contigo.