Hay días en los que no falta motivación.
Lo que falta es espacio para bajar el ritmo.
Espacio para respirar sin pensar en lo siguiente.
También para sentir sin tener que explicarlo.
Y para bajar el ritmo sin culpa.
Vivimos rodeados de mensajes que empujan: haz más, mejora, aprovecha el tiempo.
Y sin darnos cuenta, incluso el descanso se convierte en otra tarea pendiente.
Descansar “bien”. Parar “con sentido”. Recuperarnos “rápido”.
Pero el cuerpo y la mente no funcionan con prisa.
Funcionan con escucha.

A veces no falta fuerza, falta bajar el ritmo
Bajar el ritmo no es rendirse.
No es abandonar lo que importa.
Es dejar de empujar cuando algo dentro pide pausa.
A veces avanzar no es dar un paso más,
sino soltar la exigencia por un momento.
Cuando bajas el ritmo, empiezas a notar cosas que antes pasaban desapercibidas:
la respiración, el cansancio real, la tensión acumulada, incluso lo que necesitas de verdad.
Hoy basta con esto
Tal vez hoy no necesitas resolver nada.
Ni tomar grandes decisiones.
Ni entenderlo todo.
Tal vez hoy basta con algo más sencillo:
respirar un poco más despacio,
relajar los hombros,
permitirte no llegar a todo.
Elegir bajar el ritmo no es retroceder.
Es crear el espacio necesario para seguir con más claridad.
Quédate un momento aquí.
No hace falta nada más.
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