Mira un punto cualquiera.
Sin fijarlo.
Sin buscar nada.
Deja que la mirada descanse.
Si los ojos se mueven, está bien.
Quédate aquí unos segundos.
Y ya.
Permitir que los ojos descansen
No hace falta enfocar.
No necesitas concentrarte.
Solo dejar que la vista repose.
A veces, cuando la mirada se suaviza,
también lo hace la mente.
Puede que notes una ligera sensación de amplitud.
O quizá nada especial.
Ambas cosas están bien.
Cuando quieras, puedes seguir con tu día.
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